Hola,
Se acercan los Goya. Creo que voy a publicar algunos posts sobre las películas nominadas. Quizás también mencione alguna de las que no lo están.
Si yo fuera Carod Rovira (o Jordi Pujol), iría hoy mismo a casa de mi madre y trataría de recuperar cuantas fotos de mi infancia pudiera. También le preguntaría si tiene algún vídeo de cuando era pequeña, jugando con mis primos o llenándome la cara de tarta de chocolate en algún cumpleaños. Después iría a hacerme un chequeo, resignada, y le diría al médico que nada de paños calientes, que me dijera lo que me tuviera que decir, que habiéndome dedicado a la política en Catalunya es normal, que el alzheimer llega tarde o temprano y que estoy preparada para ello. Posiblemente él me miraría confuso y me preguntaría adónde voy con todos esos álbumes de fotos. Son para la película que harán sobre mi vida, contestaría yo.
Existe un nuevo género en el cine (en el cine español concretamente): el género de películas sobre políticos catalanes con alzheimer. Hace un par de años Albert Solé se llevó el goya al mejor documental por Bucarest, la memoria perdida. Este año Carles Bosch aspira a hacer lo mismo con Bicicleta, cuchara, manzana. Espero que no lo consiga. Bucarest... estaba bien, era una crónica del antifranquismo en la que aparecían las miserias del PCE y alguna de sus grandezas. Además era una peli bastante emocionante, hecha con amor, con ese amor que un hijo que no ha escrito un blog titulado Mi padre es idiota le tiene a su progenitor. Por el contrario, Bicicleta, cuchara manzana no es más que un publireportaje destinado, supongo, a recaudar fondos para la Fundación Maragall contra el alzheimer. Lo único interesante son dos secuencias: una en la que Maragall se encara con un tío que va en motocicleta al que le grita que está prohibido subirse a las aceras con la moto como si de un guardia urbano e tratara, y otra en la que se cuela en su antiguo apartamento newyorkino al grito de "yo fui alcalde de Barcelona" ante la atónita mirada de su actual inquilino. Tampoco está mal ver cómo se encapricha de una foto de Obama a tamaño real con la que un tipo intenta sacarse unos dólares en medio de la euforia de la noche de las presidenciales. Yo fui alcalde de Barcelona y tengo un puñado de dólares para ti, negrito, con los que te podrás comprar una bolsa de cacahuetes antes de regresar a Harlem. No hay mucho más. El resto se puede ver en cualquier documental de la 2 mientras te echas una siesta después de comer.
No va a tener fácil ganar. Compite contra dos documentales más sobre enfermedades, una niña enferma de autismo y Norman Foster enfermo de su propio ego. También compite contra Ciudadano Negrín. Negrín fue presidente del gobierno republicano durante la guerra. Hablaba siete idiomas, se licenció en medicina a los veinte años, estuvo becado en Alemania y en Estados Unidos, donó parte de su sueldo para que alumnos como Severo Ochoa pudieran dedicarse por completo a la investigación. Perdío una guerra, fue expulsado de su propio partido y murió en el exilio con bastantes apreturas económicas. Si a día de hoy le dieran un goya preguntaría: ¿Estás de broma?
Besos.
Beta