Caja
Hola,
Un día se te ocurre una idea para un corto. Lías a unos cuantos y lo ruedas. Luego se lo das a una distribuidora para que te lo mueva por festivales. Ganas algún premio, alguna estatuilla horrenda que regalas a tu abuela para que se sienta orgullosa de ti. Un día te dicen que el corto se va a proyectar junto a otros en el cine, por todo lo grande, en Málaga, en Sevilla, en Córdoba, en cines de verdad y con público de verdad. Días después de las proyecciones recibes una llamada de la distribuidora para hacer cuentas.
En torno a una mesa redonda, alumbrados por una bombilla de cuarenta vatios que cuelga del techo y que apenas consigue disipar la penumbra os reunís la chica de la distribuidora y los seis cortometrajistas cuyos cortos han sido proyectados. La chica de la distribuidora lleva los labios mal pintados y un vestido ceñido que le resalta las tetas. Saca una pequeña bolsa de cuero que vuelca sobre una mesa. Caen monedas y algún billete. Empieza a contar.
"La recaudación total durante los días que ha durado la proyección ha ascendido a 176 euros, pero como tenemos que pagar impuestos quitamos el IVA y la cosa se queda en 162". Aparta del montón catorce euros para Elena Salgado. "También tenemos que quitar el dos por ciento de la SGAE". Aparta 3,25 euros para Teddy Bautista. "De lo que queda hemos de deducir el porcentaje que se quedan los de los cines". Aparta 79,86 euros más. "Ahora tenemos que tener en cuenta lo que me llevo yo por la distribución, que son 27,95 euros de nada". Los seis cortometrajistas se miran con cara de niños de orfanato que temen quedarse sin ración de potaje. "El resto es para vosotros y os lo vais a repartir como buenos hermanos. Os tocan ocho euros a cada uno pero claro, hay que tener en cuenta que yo he pagado los mensajeros para recoger los Dvds y en eso me he dejado un dinerillo... pero, qué diablos, estamos en navidad así que no os lo voy a cobrar. Feliz año".
Coges tus ocho euros. Te imaginas a Javier Bardem haciendo lo mismo después del estreno de cada una de sus películas pero algo te dice que vuestras circunstancias son distintas. También te lo imaginas peleándose con su hermano Carlos por el último filete de la fuente y entiendes por qué ambos hermanos han salido así. Luego recuentas tus ocho euros y te preguntas dónde ha estado el error. Como no se te ocurre nada estás a punto de echarle la culpa a los piratas de internet, pero rapidamente reparas en que tú eres una de ellos. El dinero es importante. Evidentemente las cosas no se ven igual con ocho euros en el bolsillo que sin ellos. Tampoco se ven igual si tienes una casa en Los Angeles. Ojalá tú pudieras tener una, ojalá la industria te la facilitara, pero, de momento, lo que la industria te da por tu trabajo de autor son ocho euros. Menos mal que los Bardem velan por ti. Y eso que no son autores sino actores. ¿Para qué sirve un actor? Desde luego, en el caso de Bardem sirve como reclamo para que la gente vaya a ver sus películas. De hecho, las grandes estrellas son convertidas en grandes estrellas porque la industria necesita de sus caras para llevar a la gente los cines. Da igual quien dirija la película o quien la haya escrito, si pones una de esas caras en el cartel la película pasará a ser de la Kidman, o de Tom Hanks, o de Matt Damon o de Bardem y, en cierto modo, los actores estarán pirateando el trabajo de los autores. En cierto modo les estarán robando. ¡¡No a la piratería!!
Besos.
Beta




