Hola,
Cuando te mudas a un país y pasan cuarenta años, y después de todo ese tiempo sigues sin dominar bien el idioma, no le des más vueltas, la cosa está clara: no encajas. Eso, le guste o no, es lo que le sucede a la reina Sofía, que no encaja. A pesar de eso que dicen de que los griegos y los españoles somos bastante parecidos (por el carácter mediterráneo y tal), ella no lo tiene claro, así que ha terminado pasando lo que tenía que pasar: harta de pasarse las horas muertas en palacio mano sobre mano, harta de sospechar que su marido se pega unos fiestones de campeonato con la primera corista que cae en sus manos, harta de tener que soportar las constantes preguntas de Letizia sobre lo que está bien y lo que está mal y sobre los rollos de protocolo, la reina Sofía decidió un día comprarse un ordenador y ponerse una conexión a internet de veinte megas.
Al principio se trataba de bajarse esas películas griegas que son tan difíciles de encontrar aquí, pero poco a poco se fue apuntando a chats griegos en los que poder hablar con sus compatriotas de verdad. Para ello, lo primero que hizo fue buscarse un nick que no despertara sospechas. Se puso Panayotis. Luego contó que era un alto ejecutivo de Vivartia (una multinacional griega dedicada a productos de repostería industrial y congelados) afincado en Madrid que echaba de menos a su mujer y a sus hijas que seguían viviendo en el Atenas. Finalmente ligó con una secretaria del Peloponeso llamada Afrodita.
Puede parecer fácil pero la cosa no fue sencilla. Al principio internet estaba lleno de sobresaltos. La reina no olvidará jamás el día en que, sin saber muy bien cómo, comenzaron a abrírsele pantallas llenas de pollas tras teclear las palabras "apolos desnudos". Azorada, minimizó la pantalla pero, cuando el peligro parecía haber pasado, volvieron a saltar tres pantallas rebosantes de pornografía helénica. No olvidará jamás que en ese momento llegó su nieta Leonor arrastrando a una barbie por los pelos y protestando porque quería la merienda y no olvidará jamás la cara de la joven infanta mientras le preguntaba por aquellas cosas tan grandes que tenían los señores entre las piernas.
Sin embargo un día la reina se cansó de hacerse pasar por quien no era y decidió abrirse un perfil en Facebook a nombre de Sofía Margarita Victoria Federica, es decir, ella misma. Poco a poco, y a pesar de que apenas actualizaba el perfil, le fueron surgiendo gran cantidad de amigos cibernéticos entre los que había algunos políticos conocidos, algunos periodistas y, sobre todo, mucho admirador anónimo. No sé muy bien porqué, supongo que por mi natural aversión a la monarquía, el caso es que un día me dió por proclamarme autora de aquella página mediante un post titulado "La reina y yo". Acto seguido, una de las "periodistas" aludidas, una tal Rosetta Forner, comenzó a enviar mensajes denunciando la usurpación de personalidad que supestamente yo estaba cometiendo. La tal Forner sintió que estaba desvelando un atropello, se sintió protagonista de algo importante, sintió que aquello era un gran bombazo informativo, algo casi a la altura de los mismísimos Bernstein & Woodward. Pensó que aquel era su momento y que, tras su gran descubrimiento, era muy posible que se ganara un asiento fijo de tertuliana en Intereconomía Televisión. En este mismo sentido pidió, además, que la gente bombardeara con mensajes a la emisora reclamando su presencia (ampliar la imagen pinchando en ella). "Es triste de pedir pero peor es de robar", pensó.

Y en esto la reina se sentó al ordenador. Tecleo su nombre y su clave secreta y se topó con un mensaje explicándole que su cuenta de Facebook había sido deshabilitada. Al principio pensó que se trataba de un error pero, tras varios intentos infructuosos de acceder a ella comprendió que no era así. "¿Porqué? -se preguntó-. ¿Porqué me han cerrado la cuenta, si yo no hago mal a nadie? ¿Quién me odia tanto como para no permitirme tener mi propia cuenta en Facebook? Si es que es lo que yo digo siempre: este país está lleno de envidiosos". Cabizbaja apagó el ordenador y salió al jardín.
Quizás algún día -y esto no es más que pura especulación-, en algún rastrillo benéfico, la reina se tropiece con Rosetta Forner. Quizás ese día, la "periodista" que se define a sí misma como un "hada que ha venido al mundo para enseñarle a la gente a abrir sus alas" (y esto no me lo estoy inventando, lo pone en su perfil) haga una absurda reverencia y luego le confiese a la reina que fue ella quien descubrió y denunció el facebook de aquella usurpadora que se hacía pasar por Sofía Margarita Victoria Federica. Quizás ese día, la reina finja una sonrisa y piense "esta tía es gilipollas".
Besos.
Beta