París
Hola,
Desde que Rajoy ganó las elecciones mi madre está especialmente contenta. Ya se ve con un pie en 59 segundos y el otro en Los desayunos de Televisión Española. Hace unos días, sin embargo, la alegría se convirtió en euforia. Según me dijo, estaba a punto de vender el chalet de la sierra del que lleva intentando deshacerse más de dos años. Me explicó que la economía comenzaba a reactivarse y no sé qué otra cosa sobre Zapatero. Le pregunté en cuánto lo había vendido y me dijo que no había tenido que negociar ni una sola peseta (mi madre habla en pesetas), que le daban lo que pedía y que lo mejor era que el contrato se firmaría en apenas un par de semanas. Luego me explicó que el comprador era un inversor extranjero, francés concretamente, llamado Stefan Joumblatt.
Me alegré por ella y le di la enhorabuena. "Lo único que necesito es que me saques un vuelo a París de esos baratos de internet para la semana que viene", añadió. Le pregunté si pensaba firmarlo en París y me dijo que no, pero que el comprador quería que tuvieran una reunión para hablar de qué parte de la operación se haría en A y qué parte en B. "No querrás que los listos de hacienda se me lleven el treinta por ciento, ¿no?", dijo. Le busqué un vuelo en Ryanair por ochenta y ocho euros. Le pregunté si quería seguro de anulación y me miró con cara de "¿seguro de anulación? no seas pardilla y no dejes que te cuelen gastos innecesarios". Metí el número de su tarjeta de crédito y le dí al OK.
Luego estuvimos hablando de qué pensaba hacer con el dinero y me dijo que de las crisis hay mucha gente que sale fortalecida. Le dije que había sido abducida por Carlos Rodriguez Braun y que tuviera cuidado con las gilipolleces que decía en la tertulia, que hay gente muy sensibilizada con el tema de la crisis. "Sí, tú y tus amiguitos del 15-M", me dijo. Eso mismo, añadí yo.
Un rato más tarde teclee "Stefan Joumblatt" en google y me salió esto.

Es posible que aquella fuera la web de una empresa de inversiones pero, desde luego, si se dedicaban a invertir no dedicaban demasiado dinero a su página web. Fotos de yates, de rolex y de algunos piedrolos, sí, pero todo con pinta de haber sido comprado en un mercadillo de esos en los que te venden tres pares de medias a un euro. Le pregunté si tenía alguna referencia más del comprador. Se sacó un papelito del bolso y me dijo que la había citado en el Hotel Fouquets Barriere, en el número 46 de la Avenida George V. Efectivamente el Hotel existe y tiene nada menos que cinco estrellas. Me llamó descreída y me volvió a hablar de la confianza que Rajoy estaba generando en los mercados. Volví a darle la enhorabuena.
Anoche, mientras mi madre continuaba haciendo la cuenta de la lechera, me metí en idealista.com y me encontré con esto en un artículo sobre los timos inmobiliarios.

La verdad es que me da pena quitarle la ilusión.
Luego leí esta noticia en El País digital y pensé que timadores hay en todas partes.
Besos.
Beta




















