Anticipo de Semana Santa
Hola,
He empezado a escribir un post que amenaza con convertirse en algo mucho mayor. He aquí un anticipo.
Seis cuarenta y cinco de la mañana. Benedicto se sienta en un sillón con doce siglos de historia forrado con terciopelo rojo. Parece preocupado. Pues claro, claro que hice la vista gorda. Eso es lo que se hacía, la vista gorda. No digo que sus actos no pudieran ser considerados como abusos pero llevamos siglos conviviendo con los abusos y nunca ha sucedido nada. Nuestro propio negocio, el negocio de la iglesia, está basado en eso, en los abusos. Abusamos del miedo y abusamos de nuestro poder. Convencemos a la gente de la existencia del pecado, de la culpa, del demonio, del infierno, del fuego eterno, los amedrentamos y abusamos de ellos convirtiéndoles en obedientes corderitos de los que podernos lucrar. ¿Son eso abusos? Claro que lo son, pero llevamos más de veinte siglos así, la gente debería haberse acostumbrado, tiempo ha tenido. ¿Hice mal? Es posible. Todo el mundo se equivoca. Quizás debí ponerme en la piel de aquellos doscientos niños, pero también podría ponerme en la piel de los millones que cada año mueren de hambre y de enfermedades que entre todos podríamos combatir. Podría ponerme en el lugar de todos ellos pero no soy Dios. Soy el Papa, no Dios. Si tuviera el poder para terminar con el mal en el mundo lo haría, pero no lo tengo. Así que lo único que puedo hacer es acostumbrarme a lo que tenemos. A pesar de todo el mundo es un buen lugar para vivir y no creo que haya que cambiarlo. Dentro de unos días voy a cumplir ochenta y cuatro años. ¿Qué pretenden que haga un anciano de mi edad?
(continuará)
Besos.
Beta




