Aterrizamos en Tokio a eso de las once y media hora local. He leído que el control de aduanas del aeropuerto suele ser bastante pesado pero no es el caso. Hay muchas ventanillas abiertas y dos japoneses ordenando el tráfico para que la cosa resulte fluída. Al igual que en Estados Unidos, tienes que poner tus huellas dactilares en un sensor y dejar que te fotografien con una webcam. También he leído que lo mejor es cambiar el dinero en el mismo aeropuerto. He leído que el yen ha estado subiendo en los últimos días pero no sabía que tanto. Por ochocientos euros me dan 107200 yenes (para saber si las cosas son caras o baratas me he metido en la cabeza que el yen cotiza al mismo nivel que las pesetas antiguas). También he de validar en el mismo aeropuerto un bono para utilizar los trenes llamado Japan Rail Pass (JR) que he tenido que comprar previamente en Madrid.
Para ir del aeropuerto al centro has de coger el Narita Express que tarda aproximadamente una hora hasta la estación de Tokio (el aeropuerto está a sesenta y seis kilómetros). Los asientos en el tren son numerados. A mi me toca el 9A en el coche 3. La chica que me valida el JR me dice que el próximo tren pasa a la una y cuarto... me sobran cuarenta minutos.
Cuando llega el tren busco mi vagón y me arrojo rendida sobre mi asiento. No hay nadie más en el vagón. Instantes después entra una especie de revisor que me dice algo en japonés. Yo le enseño mi billete pero no cabe duda de que, por sus gestos, me está pidiendo que me baje. No entiendo nada pero obedezco. Fuera del vagón la gente espera paciente. De repente entran los del servicio de limpieza que, en unos minutos aspiran todo el tren dejándolo reluciente. Cuando terminan nos autorizan a entrar (ahora sí).
Cuando llegas en tren a las ciudades te das cuenta de las diferencias que hay entre el centro y el extrarradio. Al principio ves chabolas y muros grafiteados pero luego los edificios se van modernizando y la jungla se hace menos salvaje. En el caso de Tokio no es así. Supongo que es porque la ciudad quedó arrasada en la segunda guerra mundial pero aquí todo es nuevo y todo se parece.
Mariko vive en un pequeño apartamento del barrio de Ueno. Es más pequeño de lo que yo creía, apenas veinte metros cuadrados en los que cabe de todo. Es como una pequeña casita de muñecas con vistas a un callejón.
Aunque no he dormido mal me he levantado cansada con lo que he dedicado el día a recorrer Ueno y sus alrededores (Yanaka, Akihabara y el mercado de Ameyoko). He comido en un sushi bar y he pagado 1400 yenes (llevo tres comidas aquí y las tres han consistido en sushi... se me acabará saliendo por las orejas). No he hecho muchas fotos pero aqui cuelgo algunas.
Señoras en kimono en el parque Ueno.
Tumbas (creo) en Yanaka.
Una especie de altarcito en una calle de Yanaka.
Una chica repartiendo publicidad en Akihabara.Otro día más.
Besos.
Beta