Hola,
Estoy en Londres. Hace unos meses una amiga me ofreció venir a pasar fin de año a su apartamento de Londres y claro, ante la perspectiva de verme cenando en nochevieja con mi madre, mi hermanastro, mi cuñadastra, y el pesado de mi sobrinastro... creo que habría aceptado el ofrecimiento aunque el plan hubiera sido el irnos juntas a la franja de Gaza como escudo humano.
En casa siempre he sido la pequeña y, a pesar de mis venticuatro años, mi hermano y mi madre me siguen tratando como tal. Recuerdo que el año pasado no hizo falta llegar al segundo plato para que yo comenzara a desear abrirme las venas. Con la perspectiva de una insufrible cena y una prolongada sobremesa igualmente insufrible hice lo que siempre suelo hacer en esos casos: comer a toda ostia y encerrarme en mi habitación (la otra opción era echarme directamente a la calle pero, no recuerdo la razón, yo estaba bastante sola por entonces). El caso es que no habían pasado ni cinco minutos desde mi desaparición cuando el pequeño Juanito, el insoportable hijo de mi hermano, comenzó a aporrear la puerta de mi cuarto.
El niño, que además de tonto es bastante obediente, cumplía órdenes de mi madre, que harta de los berridos del crío no tuvo mejor ocurrencia que decirle que se fuera a jugar un rato al cuarto con Beta. Creo que mi madre sigue pensando que cuando me meto en mi habitación es para jugar a las muñecas o algo por el estilo porque suele hacer ese tipo de comentarios absurdos. El caso es que como las navidades son época de regalos y juguetes saqué uno de mis favoritos y se lo mostré al chaval. "¿Y esto qué es?", me preguntó sorprendido. Creo que le contesté que era un cohete espacial o algo así, y que si giraba la rosca de abajo hacía ruido y vibraba como si estuviera a punto de despegar. "¿Ves qué bonito es? -añadí-, pues corre y enséñaselo a mamá". Juanito, que como os he dicho es bastante obediente, corrió orgulloso a enseñarle mi consolador al resto de la familia que rompió en escandalosos gritos. Eso sí el niño no ha vuelto a pisar mi cuarto.
El caso es que ahora son las siete y veinte de la tarde y nos vamos a echar a la calle a recibir el año nuevo rodeadas de londinenses borrachos. A Ella la echo de menos pero pasado mañana estoy de vuelta y pienso resarcirme en cuanto llegue.
Besos y feliz año.
Beta