miércoles, 26 de noviembre de 2008

Deep throat

Hola,

Si fueran coherentes, a la entrada de los hospitales deberían atarte las manos a la espalda y ponerte un mono de color naranja y una capucha en la cabeza. Luego te llevarían por una sucesión de habitaciones en las que te demostrarían mil formas distintas de vejarte. Te desnudarían. Te observarían. Te palparían con guantes de latex para que no olvidaras tu condición de apestada. Te darían órdenes. Te harían tumbarte. Te harían ponerte de rodillas. Te introducirían objetos por todos tus orificios. Hablarían entre ellos en un lenguaje que tu no entenderías y reducirían tu vida a un informe de tres páginas.

Hagas lo que hagas, pienses lo que pienses, te dediques a lo que te dediques, seas quien seas, si estás desnuda y abrazada a tus rodillas en una camilla con ruedas, no eres más que un saco de órganos con la piel de gallina que detesta su condición de humana.

Luego te inyectan el virus del síndrome de estocolmo y te liberan, y les das las gracias por tu libertad aunque te digan que será efímera ya que tendrás que volver, y tu querrás volver y lo harás por tu bien. Y ya libre, pensaras que podrían haberse desnudado ellos también, aunque no fuera más que por una cuestión de igualdad, y piensas que después de todas las arcadas que has padecido cuando te atravesaban la garganta con un tubo estás preparada para rodar la segunda parte de Deep Throat y comerte hasta el fondo pollas de treinta centímetros.

Besos.

Beta