Hola,
Es la una de la tarde. Estoy en la cama, acabo de despertarme. Apenas puedo abrir los ojos. En la mesita de noche hay un cenicero lleno de colillas, un ejemplar de "A este lado del paraíso" de Scott Fitzgerald y un condón usado. Tengo la boca pastosa. Me levanto y camino a tientas hasta el baño. Mis ojos tratan de evitar la luz que se cuela por la ventana. Me planto ante el espejo y... ¡¡¡Horror, soy Ray Loriga!!!
No puede ser. Me palpo la cara. Tengo barba de una semana y el pelo grasiento. Además me apesta el aliento. Salgo del baño atolondrada (¿atolondrado?) y corro hasta el dormitorio. Allí está ella: es Eugenia Silva. Duerme bocarriba, con una camiseta de la Feria del Libro de Guadalajara 2004, y desnuda de cintura para abajo. Lo lleva rasurado pero no es el momento de detenerse en esos detalles. ¿Qué me ha pasado?
Es mediodía. Estoy frente a una cerveza y un plato de aceitunas en un bar de Antón Martín. Sigo sin explicarme qué es lo que me ha pasado. Fumo (¡pero si yo no fumo!). Saco un cuaderno de notas. ¿Un cuaderno de notas? Tampoco he llevado nunca un cuaderno de notas en el bolsillo. En la primera página hay garabatos. En la segunda un coño dibujado a boli con una leyenda que dice: "Vulva". No recuerdo haber dibujado nada así del mismo modo que no recuerdo haber llamado nunca vulva a un coño. Unas páginas mas allá el fragmento de un poema de Santa Teresa. Sé que es de Santa Teresa porque debajo del poema aparece escrito: "fragmento de un poema de Santa Teresa". Después tres autorretratos inacabados. Me quedo observándolos. En uno pone la palabra "fe". En otro la palabra "ausencia". En otro "pánico". Pienso que soy un pedante. Pienso que molo.
Dos quinceañeras me observan desde la mesa de al lado. Me han reconocido. Miran constantemente un ejemplar del dominical de El País. Luego se susurran al oído y ríen nerviosamente poniéndose la mano delante de la boca. Finalmente una se acerca hasta mí y me pide que le autografíe el ejemplar de El País. Salgo posando con Rosario Flores. No me acordaba de que era hoy cuando publicarían el reportaje. El esmoquin me queda que ni pintado. ¿Quién ha dicho que no se puede ser guapo e intelectual al mismo tiempo? Firmo sobre mi foto, la chica se aleja orgullosa y a mi se me pone dura.
En el plato de aceitunas solo quedan huesos. Me entretengo repasando la agenda del móvil. Me gusta hacerlo. Me gusta comprobar cuánta gente tengo al alcance de la mano. Uno de los primeros en aparecer es Almodovar. Figura en la "A" aunque, en realidad, debería estar en la "P" de Pedro. Yo siempre le llamo Pedro. Lo mismo me pasa con Paz, con Paz Vega. Aparece en la "V" aunque debería estar en la "P". Me siento importante por tener sus móviles. También tengo los teléfonos de Javier Rioyo y de Juan Cruz. Si no tienes sus móviles no eres nadie en el mundo de las letras de este país. Yo sí lo soy. Me amo.
(...)
Estragos navideños.
Besos.
Beta